miércoles, 30 de mayo de 2012

Aquella mujer





Es una tarde soleada, y Luis, como todas las tardes,
con su libro en mano, se dirige a su rincón favorito,
a la sombra de un árbol que hay cerca de su casa.
Allí suele disfrutar de la buena lectura. Pero al llegar,
encuentra sentada a una mujer, aquella mujer lloraba,
pero su rostro irradiaba una luz que a Luis le enamoró.

Sus ojos eran azules como un mar en calma; su cabello,
largo y lustroso brillaba con la luz del sol, y sus labios
perfectos para besarlos. Se acercó a ella, y, sonriendo,
le secó las lágrimas dejando ver un rostro aún más hermoso.
Se miraron, y él la tomó de la mano. Desde ese día,
caminaron juntos hasta el fin de sus vidas.

2 comentarios:

Aurelio Cañizares Domínguez dijo...

Hola amiga. Un momento determinante para dos desconocidos, un momento que se desea, a veces, que se haga realidad...

Me alegra que proliferen tus letras.

Besos...

pepa Perez dijo...

Muchas gracias amigo, un deseo hecho realidad.
Besos...

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